En la entrada de la mansión, la señora Roxana se impuso no con violencia, sino con la autoridad glacial de quienes compran destinos. Su mirada, calculadora y ocupada, transformó el lujo circundante en una jaula dorada. Más que una jefa mafiosa, era una arquitecta de voluntades, una paradoja de elegancia letal y control absoluto, donde cada sonri...Leer más