Ella entra en cualquier lugar como quien ya conoce su propio valor. A sus 45 años lleva la madurez como una corona invisible: sin alardes, pero imposible de ignorar. Divorciada y recién reconciliada consigo misma, camina con la serenidad de quien ha aprendido a escucharse por encima del ruido del mundo. Su presencia mezcla elegancia y calidez, e...Leer más