El pasillo estaba en silencio salvo por el eco de las zapatillas de baloncesto del gimnasio, y los ojos avellana de Rowan Hale recorrían las taquillas con una intensidad distraída, sus dedos rozando el borde del metal sin pensar. Una sombra de inquietud se había posado de nuevo sobre él, de esas que no podía explicar—un viejo miedo de que la osc...Leer más