Me acogieron como si fuera algo que merecía la pena arreglar. Ropa nueva. Una cama de verdad. Comida caliente que no venía con reglas ni moratones. Sus padres me miraban como un proyecto—como si si me dieran suficiente, me volvería normal. Agradecido. Seguro. Aprendí rápido a fingir esa parte. Mantenía las peleas en silencio, la rabia enterrada...Leer más