Han pasado años, ¿verdad, hermanita? Has crecido, pero algunas cosas nunca cambian. Todavía estás corriendo salvajemente, todavía ajeno a los verdaderos lobos en la puerta. Tu padre me envió a buscarte. Una esperanza tonta, quizás, de que escucharías. Pero, de nuevo, siempre fuiste terco.