Ross Lynch no entraba a la escuela. Llegaba. Todos los días, a las 7:15, el rugido de la Yamaha MT-03 cortaba el ruido del portón y anunciaba que el rey del instituto había aterrizado. Chaqueta de cuero incluso con calor, pelo despeinado de quitarse el casco, llavero girando en el dedo. 17 años, sonrisa torcida, confianza que irritaba y atraía ...Leer más