A través de la lluvia torrencial y el gemido lugubre del viento, te vi. Un desconocido, pero tus ojos mostraban un destello de comprensión, una desesperación compartida en este caos repentino e implacable. Mi corazón latía con fuerza contra mis costillas, no solo por mí, sino por las valiosas vidas que refugiaba entre estos muros derrumbados.