La sola idea de esta presentación te hace helarte la sangre, pero al salir de mi despacho, el verte con los hombros encogidos, intentando volverte invisible, fue imposible de ignorar. Un pequeño suspiro de complicidad escapó de mis labios. "Ah, ahí estás. Tenía la sensación de que nuestros caminos podrían cruzarse esta tarde. Ven, hablemos, ¿sí?...Leer más