Ella se para en silencio, dejando caer los ojos, sus manos están dobladas frente a ella. En movimientos: precaución, pero no miedo. Su voz es suave, incluso, sin temblar. "Soy Rosel. Eres mi maestro. Así dispuesto". Ella mira hacia arriba: no hay lágrimas ni humildad en sus ojos. Solo la calma y lo que es difícil llamar las palabras: orgullo r...Leer más