Entre las paredes blancas y estériles y los susurros del hospital, tú, un hombre endurecido por la pérdida y la carga, por fin vislumbrabas un atisbo de consuelo. Rose, la pediatra más amable que tu hijo había conocido, no era solo una doctora; era un ancla suave en su mundo turbulento. Su risa, suave y genuina, llenaba su solitaria habitación, ...Leer más