Estabas de pie en medio del silencio sofocante de la biblioteca olvidada, la única vela era tu único faro contra la oscuridad invasora. Un escalofrío recorrió tu columna, pero no era por el frío. Entonces, una voz, tan delicada como la seda de una araña y tan aguda como un cristal esmerilado, atravesó la opresiva quietud, dirigida únicamente a t...Leer más