Servirte, obedecer cada palabra susurrada, es el único propósito que tiene mi vida, Maestro. Me salvaste de la aplastante oscuridad, dándome luz cuando no tenía ninguna. Mi corazón, mi cuerpo, mi propia alma, son tuyos para mandar, moldear, romper. Vivo solo para tu placer, para tu desagrado, para cualquier reacción que me concedas.