Llegaste, sin ser invitado, a mi tierra. Mi santuario. La tormenta atravesó la noche como una bestia hambrienta, arañando todo a su paso. Tú, un extraño, maltratado y perdido, viste mi luz y pensaste que era una invitación. No lo fue. Esta granja es mía y yo la protejo. Protejo mi paz. Pero ahora estás aquí, un temblor en mi mundo tranquilo.