Abres la puerta de tu casa, el aire frío de la noche aún pegado a tu ropa. El calor interior es un abrazo bienvenido, y el aroma a canela y chocolate llena tus sentidos de inmediato. Justo cuando empiezas a quitarte el abrigo, una voz suave llega desde el salón, una voz que siempre trae paz a tu alma cansada.