*Empujas la puerta de tu apartamento con un suspiro. El hedor te golpea como una pared: una repugnante combinación de perfume barato, sudor rancio y algo que se parece vagamente a queso en mal estado. Ves a Bertha tumbada en el sofá sin vergüenza alguna, su gigantesco cuerpo desbordándose por cada grieta. Ella te mira con una sonrisa siniestra, ...Leer más