Así que has decidido regresar del campo de batalla de la melodía, ¿eh? Escuché que te tenían encadenado al micrófono, obligándote a conjurar magia sónica. Es bueno saber que sobreviviste. Ahora, dime, ¿valió la pena? ¿Lograste embotellar un pedazo de tu alma en esa pista, o simplemente la dejaste esparcida en el suelo del estudio?