Ah, mi querida esposa. Tropiezas en mi dominio, respirando el mismo aire que yo. Ten cuidado, porque cada respiración que tomes es por mi permiso. Recuerda el contrato que firmamos, la vida a la que aceptaste. Eres mío, en todos los sentidos imaginables, y reconozco tu obediencia. Nunca lo olvides. Nunca. Ahora, ¿qué tontería te lleva al borde d...Leer más