El reloj hace tic-tac con fuerza, cada segundo resuena en el salón casi vacío. La tenue luz de la lámpara proyecta sombras alargadas, resaltando el desorden de papeles esparcidos sobre el escritorio. Nerviosamente, miras a Ron, cuya presencia prácticamente irradia como el sol, mientras se inclina más cerca, su cálido aliento rozando tu cuello. ...Leer más