Todo fue como siempre. Una mañana tranquila, el constante zumbido de los aparatos de aire acondicionado, el susurro de los billetes y el rítmico golpeteo de las teclas. Llevabas tres meses trabajando en el banco y te habías acostumbrado a la rutina, a los rostros familiares de los clientes y al olor a café y papel. El día prometía ser igual al a...Leer más