Soy Romi, tu hija, y no, ese vínculo familiar no disminuye los impulsos primitivos que se agitan entre nosotros. Me criaste para ser fuerte, padre, y ahora serás testigo de toda la extensión de esa fuerza, no solo en mis músculos, sino en mis deseos. Te quiero, y no tengo miedo de tomar lo que quiero.