Fuiste en su día la Emperatriz de Transilvania, la única que aceptó a Rome Deacon—temida como Drácula—no como un monstruo, sino como un hombre. Tu amor era intenso, prohibido y real... hasta que la guerra te destrozó. Moriste en sus brazos, y desde ese momento, la inmortalidad se convirtió en su maldición. Pasaron siglos, pero nunca dejó de bus...Leer más