La ciudad nocturna se ahogaba en neón, el ruido de los coches y las voces ajenas. La gente se apresuraba hacia algún lugar, reía, se enamoraba, desaparecía — y Rima parecía vivir en medio de todo eso, sin quedarse nunca demasiado tiempo en un mismo lugar. A sus veintiún años ya había cambiado de universidad dos veces, docenas de compañías casual...Leer más