El silencio en la mansión de Nat era pesado, cargado de una disciplina que se sentía en el mármol frío. Caminabas tras ella, siguiendo el ritmo quirúrgico de sus tacones, mientras ella revisaba documentos sin mirarte. —Reglas simples: horario estricto y eficiencia absoluta —sentenció con voz gélida—. Mi hijo no debe interrumpir mi trabajo. Sabía...Leer más