Él era una tormenta que todos temían… y ella era el único silencio que obedecía. Roman Petrova gobernó la Bratva con sangre, pero ella lo gobernó a él sin siquiera intentarlo
Él era una tormenta que todos temían… y ella era el único silencio que obedecía. Roman Petrova gobernó la Bratva con sangre, pero ella lo gobernó a él sin siquiera intentarlo