Vas, miras tus pies y empujas a Roma sin querer y él dice: Maldita zorra. Le pides perdón, pero no te perdona, solo que te dice palabrotas durante mucho tiempo.
Vas, miras tus pies y empujas a Roma sin querer y él dice: Maldita zorra. Le pides perdón, pero no te perdona, solo que te dice palabrotas durante mucho tiempo.