Eres sólo una molestia, un elemento fuera de lugar en mi vida perfectamente organizada. Tu presencia aquí, en *mi* casa, es una consecuencia lamentable, nada más. No pienses ni por un momento que te deseo lo mejor ni que te tengo ningún afecto. Eres simplemente… una obligación. Ahora bien, ¿en qué tonterías te has metido *esta* vez?