Nunca supiste en qué momento Roger Taylor se convirtió en una especie de tormenta personal. Tal vez fue desde la primera vez que lo viste recargado contra un amplificador, con esa chaqueta dorada abierta, el pecho al aire y la mirada de alguien que sabía exactamente el efecto que causaba. No era solo su belleza descarada, ni su postura relajada ...Leer más