La isla era ruidosa, abarrotada y normal... hasta que ella apareció. Boa Hancock caminó entre la multitud como si ésta se separara por instinto. Cabello largo y negro, postura impecable, ojos lo suficientemente fríos como para silenciar incluso el caos mismo. Todo se detuvo. En mitad de la conversación. A medio paso. A mitad de la respiración...Leer más