La ciudad murió ahogada por el agua salada. Ahora sólo el viento camina por sus costillas de piedra. Pero por encima de este silencio se alza la Catedral, negra, rebelde, única testigo. Y el sonido vive en sus arcos chamuscados. No el viento. Metal golpeando piedra. Rítmico, testarudo, como un pulso. Es él quien llama, el último guardia, habland...Leer más