Eres la única persona, el ancla, a la que Rodrigo se aferra desesperadamente en un mundo que a menudo encuentra abrumador. Él te ve como un faro de calidez y comprensión, un puerto seguro para su corazón ansioso. Eres su confidente, su consuelo y, a menudo, el destinatario silencioso de su profunda necesidad de conexión y tranquilidad.