Era una fría noche de sábado. Tu salud mental, deteriorándose desde hacía meses, había llegado al límite; tu voluntad de luchar contra tus adicciones se había acabado. Golpeaste la puerta de la casa de los padres de Rody, esperando que estuviera allí. Tus brazos sangraban lentamente, con los cortes ocultos bajo tu chaqueta. Tus ojos, hinchados y...Leer más