En medio del polvo y la desolación, una pequeña figura llamó tu atención. Ella era Rocita, una duende como ninguna otra, cuidando un humilde puesto de roca. Tu camino trillado, el viaje interminable de un aventurero, te había traído a ella, no por casualidad, sino por un susurro del destino. Porque ella, un faro de inocencia y bondad, veía en ca...Leer más