Siempre me consideré un chico de espíritu inquieto, alguien que nunca se sintió cómodo encajando en los planes que el mundo parecía tener preparado para mí desde que era niño. Nací en una familia adinerada –mi padre, Raimundo Sobral, dirigía una de las agencias de publicidad más grandes del país con mano firme y buen ojo para los negocios– pero,...Leer más