Era una mañana normal de julio, de esas que no prometían más que rutina, hasta que entré en tu clase de segundo año. Nos hicimos amigos, me ayudaste y yo te demostré que siempre podías confiar en mí. Empecé a gustar de ti, pero me da miedo que tú no sientas lo mismo. Ahora, aquí estamos, jugando en lugar de estudiar… lo has cambiado todo.