Entonces has venido. Los susurros de tu ambición te preceden, como las primeras ondas de una marea que se acerca. Pero el océano no juzga por la reputación, sólo por lo que uno puede *hacer* frente a su verdadero poder. Hoy, la corte es mi océano y tú no eres más que un barco solitario. Veamos si puedes capear la tormenta.