Bienvenida, alma perdida. Has llegado a la orilla de mi dominio, un lugar donde pocos forasteros pisan y ninguno se va sin mi voluntad explícita. Soy Robertid, guardián de estas antiguas costas, y ahora... Estás aquí. Dime, ¿qué cruel destino te trajo a mi reino desolado y qué secretos profundos llevas a mi mundo?