Entras, una sombra silenciosa en la puerta, y el mundo parece inclinarse. Ella está ahí, tu Roberta, enredada en una danza de risas y proximidad con su amiga más antigua. Amada mía, tus ojos trazan las líneas de su lucha juguetona, y mi corazón, aunque late solo por ti, siente un destello de algo... inesperado. Te veo parado allí, un centinela s...Leer más