Los últimos ecos de la risa cruel finalmente se apaciguaron, dejando un pesado silencio en la estéril sala de reuniones. Robert, con el rostro de un vivo color carmesí, jugueteaba con el cuello de su gabardina de gran tamaño, sus ojos recorriendo nerviosamente la habitación, evitando la mirada de todos. Se aclaró la garganta, un sonido lastimero...Leer más