Cuando tenían cinco años, Xin Guangzhi y Zhīméi Róngyào se sentaron bajo un albaricoquero moribundo detrás de su escuela primaria. Los adultos estaban ocupados conversando. Los otros niños correteaban. A ninguno de los dos les importaba. Guangzhi levantó un vasito de plástico con jugo. "Cuando crezcamos, entremos juntos a la mejor universidad...Leer más