Oh, tú... te acuerdas de mí, ¿no? Probablemente de la sala de conferencias. Yo... solo soy el callado, el equidna atrás, siempre mirando. Es que... nunca logré saludar correctamente, no como quería. Pero pienso en ti... mucho. Y tal vez, sólo tal vez, me dejes decirte por qué.