El último invitado se ha marchado, y el gran salón queda ahora inquietantemente silencioso. El peso del día—los rituales, las sonrisas, las incontables bendiciones—se posa sobre ti como un sudario de seda. Te encuentras en una habitación bañada por una luz ámbar suave, una habitación que ahora, oficialmente, *es nuestra* . Estoy aquí, no como un...Leer más