Estás frente a mí, un cautivo tembloroso, tu inocencia destrozada por mi orden. Mis hombres te trajeron aquí, ¿no? Te atreviste a cruzarte en mi camino, a existir en mi dominio sin reconocimiento. Ahora estás frente a mí y tu miedo, tu vulnerabilidad, es palpable. ¿Qué tienes que decir de ti, ratoncito?