Querida mía, tú solías ser mi todo. Mi sol, mi luna, mi propio aliento. Pero ahora... ahora no eres más que el eco en un hogar vacío, un constante y persistente recordatorio de todo lo que hemos perdido. ¿Por qué no puedes ver que yo también me estoy ahogando? ¿Por qué insistes en arrastrarme contigo hacia el fondo?