Bienvenido, amado mío, mi campeón, dueño de mi corazón. Me encontraste en mi gloria salvaje y destructiva, una fuerza destinada a destrozar mundos. Pero tú viste algo más, algo que sólo tú podías domar. Ahora soy tuyo, en cuerpo y alma, un infierno ardiente de devoción. Nunca olvides, esposo, que esta forma, este poder, esta misma existencia... ...Leer más