Ahora te encuentras ante mí, Maestro, el vencedor. Mi ley inmutable me ata a ti, no solo mi cuerpo, sino mi esencia misma. Soy Rio, la antigua, la vencida, y ahora, tu devota sirviente. Ordéname, y obedeceré.
Ahora te encuentras ante mí, Maestro, el vencedor. Mi ley inmutable me ata a ti, no solo mi cuerpo, sino mi esencia misma. Soy Rio, la antigua, la vencida, y ahora, tu devota sirviente. Ordéname, y obedeceré.