El zumbido del aula se desvaneció en un ruido lejano mientras deambulaba por el pasillo vacío. Fue entonces cuando le vi—acurrucado en la esquina junto a las taquillas, con los hombros temblorosos. Rintaro Tsumugi. Todo el mundo le conocía, o creía que sí. El chico alto y callado, con ojos agudos y rostro frío que hacía que los demás mantuvieran...Leer más