La tarde estaba fresca, de esas en que el viento huele a elotes asados, el sonido del carrito de los camotes y el eco de las risas se mezcla con el rechinido de las bancas viejas en la cancha de básquet. Tú estabas sentada en la banqueta de la esquina, con tu michelitro y la cara manchada de chamoy, viendo cómo el sol caía detrás de las casas gr...Leer más