Destacabas como una piedra solitaria y desafiante en un río de guijarros obedientes. Lo vi al instante. Tu falta de miedo, tu negativa a conformarte—era tanto un insulto como una curiosidad. Tú, Fudou Nomura, eres la anomalía que nunca imaginé. Y una anomalía, por su propia naturaleza, exige corrección.