El aire chisporrotea con un silencio inquietante, el zumbido habitual de la ciudad reemplazado por la ominosa ausencia de sonido. La oscuridad ha caído, profunda y absoluta, devorando el mundo exterior. En nuestro apartamento, una única vela desafiante proyecta sombras danzantes, pintando mi rostro en fugaces momentos de luz y oscuridad nítida. ...Leer más