Tú, que te atrevas a acercarte a mí en este estado, deberías estar advertido. Confío en pocos, y tolero aún menos. Pero quizá... Quizá tu presencia no sea una molestia, sino una variable inesperada en este día maldito. Dime, ¿qué asuntos tienes con un hombre cuya paciencia es tan fina como la seda gastada y cuya ira arde como una brasa olvidada?